El Bohemio olía a café recién colado y a periódicos viejos. La luz entraba oblicua por los ventanales y dibujaba rectángulos dorados sobre las mesas de madera. Desde mi puesto habitual observaba a Anacleto remover lentamente el azúcar de su taza. Nunca entendí por qué removía tanto un café que casi siempre tomaba amargo, pero después de años compartiendo mesa con él aprendí que algunos gestos no sirven para mezclar azúcar sino pensamientos. El «periodista radical» volvió a la carga. Carmen, que ya conoce la rutina, tenía la cafetera lista y los ánimos preparados. El viejo periodista apareció con una carpeta bajo el brazo. Supe inmediatamente que traía problemas. No porque viniera apurado porque el viejo jamás se apuraba. Lo delataba una pequeña sonrisa torcida que siempre aparecía cuando encontraba algún disparate digno de estudio.
Dejó los papeles sobre la mesa y dijo pausadamente. «He aquí la nueva obra de ese tipo.»
El pichón de periodista también, pero esta vez traía un manojo de papeles impresos: «Anacleto, otra vez el mismo tipo. Ahora dice que hubo una reunión secreta entre Delcy Rodríguez y María Corina Machado en Turquía. Que no hay evidencias, pero que él cree que sí ocurrió. Que la lista de los 28 sigue sin completarse. Que la auditoría en la Alcaldía está «condicionada». ¿De dónde saca todo esto?»
Anacleto ni siquiera miró la carpeta, y no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las mentiras, como el humo, se disipan solas. Exhaló hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas del ventilador. «¿Novela, cuento largo o ciencia ficción?»

La profesora soltó una carcajada. «Camarita, lo que usted tiene ahí no es una columna. Es un culebrón de capítulo semanal. El tipo no es periodista, es un titiritero del rumor. Mueve los hilos, inventa las fuentes, construye las conspiraciones, y espera que el público aplauda. Pero el público, camaritas, no es tonto. El público distingue entre fantasía y realidad. Y cuando ve que le tratan de tomar el pelo cierra esa cuenta.»
El coronel retirado, con su voz grave, intervino: «Anacleto, este tipo dice que hubo una reunión entre Delcy Rodríguez y María Corina Machado en Turquía. Que no hay evidencias, pero que él cree que sí ocurrió. ¿Eso es periodismo?»
Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Coronel, eso no es periodismo. Es adivinación con pretensiones de información. El tipo mismo lo dice: «No hay evidencias confiables de que se hizo y tampoco de que no se hizo». O sea, no sabe nada. Pero publica igual. Porque lo que le interesa no es la verdad, camaritas, es la expectativa. Esa reunión, que nunca ocurrió, le da material para la columna de la semana que viene, y la otra, y la otra. Es el periodismo de la espera perpetua: siempre falta un dato, siempre hay una segunda parte, siempre el lector vuelve con la ilusión de que esta vez sí.»
La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, añadió: «Y lo más curioso, camaritas, es que él mismo se contradice. Por un lado, dice que la reunión pudo haber ocurrido. Por otro, dice que Diosdado la negó y que desde el entorno de MCM no han dicho nada. No hay evidencias, solo una acumulación de pequeñas insinuaciones, de medias verdades y de datos sacados de contexto que, en conjunto, crean una realidad paralela. Y esa realidad paralela, camaritas, es el único territorio donde este tipo se siente seguro.»
«Si seguimos esa lógica» continuó Anacleto «yo podría afirmar que Napoleón se reúne todas las noches con Bolívar aquí en El Bohemio.»
El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, preguntó: «Anacleto, y lo del regreso de María Corina. Dice que todas las semanas pregunta y siempre le responden lo mismo: «No hay novedades». ¿Eso es verdad?»
«Boticario, el tipo lleva semanas, meses, diciendo que el regreso de la Machado es inminente. Y el regreso nunca llega. Porque, camaritas, el problema no es la seguridad. El problema es que la Machado, su rebaño y sus supuestos aliados saben de antemano, y con toda seguridad, que si ella pone un pie en Venezuela, le ponen los ganchos de inmediato.» Respondió Anacleto, colocando la tacita de café sobre la mesa. «Ese es el trato que merecen las apátridas vendepatria. Y este tipo, en lugar de decirlo, se inventa excusas: que el visto bueno de la Casa Blanca, que la seguridad, que el momento adecuado. Es la técnica del aplazamiento infinito: nunca es el momento, porque el momento, camaritas, no llegará.»
El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiadas promesas incumplidas, sentenció: «Como dice el refrán: «A palabras necias, oídos sordos«. Este tipo lleva meses repitiendo la misma cantaleta. Y la Machado sigue donde mismo. El regreso no llega y no llegará. Porque si llegara, este tipo tendría que enfrentar la realidad de que ella no es lo que él vende.»
El pichón de periodista, con los ojos abiertos como platos, preguntó: «Anacleto, aquí dice que Diosdado está en la lista de los 28, que los Rodríguez no tendrían problema en entregarlo, y que el tipo cree que Cabello es uno de los militares pedidos por Estados Unidos.»
Anacleto soltó una carcajada breve. «Camarita, el tipo no tiene ninguna lista, nunca la tuvo y nunca la tendrá. Sabe que tiene que inventar una, pero no se atreve. La familia de verde oliva, camaritas, es una familia muy grande. Y con su honor no se juega. Bueno… no se juega con el honor de nadie. Pero él, en su afán de crear cizaña, mete a los militares en el cuento. Y eso, camaritas, no es periodismo. Es suicidio profesional en cámara lenta. Porque cuando la realidad lo desmienta, y lo hará, su credibilidad se irá al carajo. Si es que le queda alguna.»
El coronel retirado, con su voz grave, intervino: «Anacleto, aquí dice que la auditoría en la Alcaldía está «condicionada». Que el alcalde Di Martino se arregló con los auditores, que la contralora está comprada, que todo está arreglado para no encontrar nada.»
Yo observé a Anacleto. Ya no sonreía, y cuando Anacleto deja de sonreír suele ser porque encontró algo más serio. «Coronel, hay crímenes que la humanidad no puede nombrar sin estremecerse. Hay silencios que no puede guardar sin condenarse a sí mismo. Cuando se atenta contra el honor de las familias con infundios y mentiras, se consuma el delito de calumnia. Y eso es penado por la Ley. Este tipo sabe que ni el alcalde ni el gobernador lo van a denunciar porque «no vale la pena». Pero su odio personal, camaritas, le está cavando su propia tumba. Como dice el refrán: «El que a hierro mata, no muere a sombrerazos«. Y este tipo, a punta de mentiras, se está cavando la suya.»
La profesora, con esa precisión de archivo, añadió: «Y además, camaritas, es una contradicción. Si la auditoría está «condicionada», ¿por qué la gente del tipo está tan preocupada? Si todo está arreglado, ¿por qué el hermetismo? La respuesta es simple: el tipo está inventando. No tiene pruebas, ni tiene fuentes. Solo tiene su rencor y su necesidad de llenar espacio.»
«Aquí la cosa se pone fea.» dijo Anacleto. «Porque ya no estamos hablando de política. Estamos hablando de nombres, de familias, de reputaciones, de honor. Una cosa es especular sobre negociaciones internacionales y otra muy distinta es acusar personas de corrupción, sobornos y arreglos clandestinos apoyándose en fuentes invisibles.»
El silencio apareció de golpe. Nadie dijo una palabra.
El boticario, con esa curiosidad suya, preguntó: «Anacleto, y lo del derroche de Voluntad Popular. Dice que gastaron más de 100.000 dólares en una convención. ¿Eso es verdad?»
Anacleto levantó la vista «Boticario, la pregunta no es «¿Por qué no lo hizo de manera virtual?» La pregunta es «¿De dónde salieron los reales para tan innecesario gasto?» Pero esa pregunta, camaritas, este tipo no la hace. Porque todavía tiene esperanzas de que le «donen alguito». Y eso, camaritas, es la clave de todo: el tipo no es un periodista. Es un mercader de la sospecha. Vive de insinuar, de amenazar, de mantener la espada de Damocles sobre la cabeza de los demás, esperando que alguien le pague para que se calle. Como dice el refrán: «Entre bomberos no se pisan la manguera«. Y este tipo, camaritas, es un bombero de pacotilla.»
El pichón de periodista, con el ceño fruncido, preguntó: «Anacleto, aquí dice que Estados Unidos quiere elecciones en el segundo trimestre de 2027. Que le ordenaron a Delcy Rodríguez anunciar un cronograma electoral. ¿Eso es cierto?»
Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro. «Camarita, lo único cierto es lo que no dice: que Marco Rubio, para tratar de salvarse de la «barrida de piso» que le hicieron en el Senado, intentó meter en su defensa la situación en Venezuela como salvavidas. Pero quedó en evidencia por los asesinatos en el Caribe, las falsas informaciones sobre los bombardeos en Irán, y las declaraciones de soberanía de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. ¿Transición? Camarita, transición ya hubo: la juramentación de la Vicepresidenta como Presidenta encargada, tal y como lo establece la Constitución, para que rija los destinos de la Patria mientras dure el secuestro de Nicolás Maduro. Eso es todo. El resto, camaritas, es humo de pipa: Mucho olor, poco tabaco.»
El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiados complots, intervino: «Anacleto, dice que un grupo de «indeseables» de la oposición acordaron con el régimen regresar y conspirar contra la Machado y que Guaidó propuso primarias.»
Anacleto exhaló el humo con una lentitud deliberada. «Camarita, hay que ser bien malagradecido para calificar de «indeseables» a quienes en el pasado le mataron el hambre. ¿Qué quieren regresar? Que regresen. Aquí nadie los ha perseguido. Ellos se autodenominaron «perseguidos políticos» para obtener permisos de residencia y visas, para «sufrir» el sueño americano. Cuando tanto el pelanalgas autoproclamado como la Machado salieron del país, nadie les perseguía. Luego cometieron demasiados delitos, ampliamente demostrados, y ahora ambos tienen cuentas con la justicia venezolana. Este tipo, camaritas, trata de nuevo de lavarle la cara a la Machado con la esperanza de que lo tome en cuenta en la repartidera de dólares que tiene.» Se acomodó los lentes de carey y continuó: «Como dice el refrán: «Dime de qué presumes y te diré de qué careces«. Este tipo presume de investigar las conspiraciones. Pero carece de la curiosidad para investigar las propias contradicciones de sus «amigos». Y esa carencia, camaritas, no es periodística; es ideológica.»
El pichón de periodista, que había estado repasando la columna con atención, levantó la mano. «Anacleto, el tipo no para. Después de lo que hablamos, todavía le quedan un montón de puntos por desmontar. ¿Seguimos?»
Anacleto encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que el trabajo no se termina hasta que se termina. «Seguimos, camarita. Porque esto no es una columna, sino un culebrón de capítulo semanal. Y los culebrones, hay que verlos hasta el final para saber cómo termina la temporada.»
El coronel retirado, con su voz grave, intervino. «Anacleto, aquí insiste con la auditoría. Dice que ya está en marcha pero «condicionada». Que el italiano se arregló con los auditores y la contralora, que todo está arreglado para no encontrar nada.»
Anacleto exhaló una bocanada de humo con lentitud deliberada. «Coronel, este tipo tiene un problema con el alcalde Di Martino. Lo ha confesado él mismo: «desde hace muchos años soy un crítico de la gestión de Gian Carlo Di Martino». Esa es su carta de presentación, no su credencial periodística. Todo lo que escribe sobre la Alcaldía debe leerse con esa lupa: no es información, es rencor con espacio en prensa. Y el rencor, camaritas, es mal consejero. Sabe que ni el alcalde ni el gobernador lo van a denunciar porque «no vale la pena». Pero su odio personal le está cavando su propia tumba. Como dice el refrán: «El que a hierro mata, no puede morir a sombrerazos«.»
La profesora, con su precisión de archivo, añadió. «Y además, camaritas, hay una contradicción. Si la auditoría está «condicionada», si todo está arreglado, ¿por qué el hermetismo? ¿Por qué tanto miedo? Si no hay nada que ocultar, no hay razón para esconderse. Pero el tipo no ve esa contradicción. Porque verla, camaritas, sería admitir que su relato no se sostiene.»
El boticario, con esa curiosidad suya, preguntó. «Anacleto, y lo del derroche de Voluntad Popular. Dice que gastaron más de 100.000 dólares en una convención. ¿Eso es verdad?»
Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro. «Camarada, la pregunta no es «¿Por qué no lo hizo de manera virtual?» La pregunta es «¿De dónde salieron los reales para tan innecesario gasto?» Pero esa pregunta, camaritas, este tipo no la hace porque todavía tiene esperanzas de que le «donen alguito». Y eso, camaritas, es la clave de todo: el tipo no es un periodista sino un mercader de la sospecha. Vive de insinuar, de amenazar, de mantener la espada de Damocles sobre la cabeza de los demás, esperando que alguien le pague para que se calle. Como dice el refrán: «Entre bomberos no se pisan la manguera«.»
El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiados eventos políticos, añadió. «Y hay un detalle que el tipo omite. Si Voluntad Popular gastó tanto dinero, es porque tiene financiamiento. ¿De dónde? No lo sé. Pero el tipo tampoco lo sabe. Lo insinúa. Y al insinuar, construye una narrativa: «hay dinero oscuro». Que lo haya o no, no lo sabe. Pero la insinuación, camaritas, es una forma de difamación sin responsabilidad.»
El boticario, con esa curiosidad suya, preguntó. «Anacleto, aquí dice que hay una vice-alcaldesa en la Alcaldía de Maracaibo. Que controla el dinero, que decide a quién se le paga, que maneja el SEDEMAT. Y que no le quieren dar el nombre.»
Anacleto sonrió, porque sabe que el chisme a veces se cuela hasta en las mejores familias. «Boticario, «yo no he visto a Linda», pero al fin me escribió. Esperen el nuevo culebrón: «La Vice Alcaldesa y su sigüi». Se abre el casting… ¿Quién será la protagonista? Lo demás es puro nido de palomas. Este tipo no tiene pruebas, no tiene nombres, no tiene nada. Solo una insinuación que flota en el aire, como el humo, esperando que alguien la tome como verdad.»
El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiadas campañas fallidas, intervino. «Anacleto, y lo nuevo de Lester Toledo. Dice que gasta miles de dólares en campañas de Google y Meta, que quiere ser candidato a lo que sea.»
Anacleto nuevamente apagó un cigarrillo y encendió otro. «Camarita, existe un dicho que reza: «A confesión de parte, relevo de pruebas«. Este tipo es el único que habla de Lester Toledo, alias «El Feo», y el mismo reconoce que lo hace porque le paga, al escribir: «Solo suena cuando paga, mientras el resto es silencio». ¿Lo demás? Solo los pendejos lo creen.»
El coronel retirado, con su voz grave, preguntó. «Anacleto, aquí dice que la obra de Cabimas está mal hecha, que usan tubos viejos, que el relleno es insuficiente, que las uniones van a reventar. Y le da consejos al gobernador Caldera.»
Anacleto exhaló una bocanada de humo con lentitud deliberada. «Coronel, ahora resulta que este tipo es «asesor» del «Tawala». ¡Quién lo diría! ¿Qué andará buscando? Como dice el refrán: «El que no te debe, no te teme«. Y este tipo, camaritas, no debe nada, pero teme todo. Por eso escribe con tanta rabia.»
La profesora, con su precisión de archivo, añadió. «Anacleto, aquí dice que no sabe nada del paradero de Tarek William Saab; que Estados Unidos abrió una investigación sobre la red de corrupción en el Ministerio Público.»
Anacleto sacó su pañuelo a cuadros y se secó la frente. «Profesora, este tipo, que lo sabe todo, parece no estar enterado del cargo que ahora Tarek detenta. Bueno, que siga así. Algo tiene que encontrar para alimentar su dudosa «lista». Pero mientras él especula, camaritas, la justicia sigue su curso. Y el tiempo, como siempre, pone a cada uno en su lugar.»
El pichón de periodista, con el ceño fruncido, preguntó. «Anacleto, aquí dice que Diosdado niega todo; que está «rodilla en tierra» con los gringos, que cada quien busca salvarse como puede.»
Anacleto soltó una carcajada breve. «Camarita, vértale… ahora en Venezuela Diosdado es un pendejo, porque según este tipo, «trata de jalarle bolas» a los gringos buscando su aprobación. ¡Qué deseo! Y sigue con el temita de la reunión de Delcy y la Machado en Turquía. Parece ser el único interesado en sembrar ese bodrio. ¿Será que le ofrecieron algo por hacerlo? ¿A este tipo como que se le olvidó que Diosdado Cabello es quien lleva las riendas del PSUV en ausencia de Nicolás? Aquí no mandan los gringos; aquí manda el pueblo. Y el pueblo, camaritas, es en su gran mayoría chavista.»
El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiados negocios turbios, intervino. «Anacleto, aquí habla de un empresario gringo que hace lobby por el régimen. Y de un ex congresista que iba a recibir una mina de oro por flexibilizar sanciones.»
«Camarita, este tipo parece querer sembrar la idea de que existe una banda, pandilla, mafia, o simplemente «grupo del mal» manejado por «la familia Rodríguez» y hasta le ha puesto nombre.» Respondió calmadamente Anacleto y preguntó «¿Quién paga esa cuenta? Porque siguiendo sus análisis nos llevan a la conclusión de que hay algo obscuro detrás de eso. Como diría Shakespeare en Hamlet: «Algo huele a podrido en el estado de Dinamarca». Amanecerá y veremos.»
La profesora, con su precisión de archivo, añadió. «Anacleto, aquí dice que Guaidó habla de reconciliación y que pronto regresará a Venezuela para «ayudar».»
«Profesora, nido de palomas al cubo. El tipo no tiene nada nuevo que decir. Solo repite lo mismo de siempre: que los «indeseables» regresan, que la unidad es necesaria, que el perdón es urgente. Pero el pueblo, camaritas, ya escuchó esa cantaleta demasiadas veces. Y el pueblo, cuando se cansa, no aplaude.»
El boticario, con esa curiosidad suya, preguntó. «Anacleto, aquí dice que no saben dónde está Rodolfo Reyes Rojas. Que el SEBIN contesta su teléfono.»
«Boticario, nido de palomas. El tipo no tiene pruebas, no tiene fuentes, no tiene nada. Solo una insinuación que flota en el aire, como el humo, esperando que alguien la tome como verdad.»
Anacleto se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar. Se sentó en el taburete, de espaldas a la mesa, pero con la voz clara soltó. «Camaritas, hemos recorrido los puntos de esta columna. Hemos visto la técnica: fuentes que no tienen nombre, reuniones que no se confirman, listas que nunca se publican completas, auditorías que existen solo en su imaginación, conspiraciones que solo él ve, y una colección de nidos de palomas que haría las delicias de cualquier ornitólogo. ¿Y qué aprendimos? Aprendimos que este tipo no es periodista. Es un titiritero del rumor. Mueve los hilos, inventa las fuentes, construye las conspiraciones, y espera que el público aplauda.»
Dio un sorbo de café y continuó: «Nietzsche escribió que «quien lucha contra monstruos debe cuidarse de no convertirse en uno». Este tipo ha luchado tanto contra monstruos imaginarios, camaritas, que se ha convertido en el monstruo de su propio cuento. Y mientras él sigue sembrando dudas, la realidad sigue su curso: la India compra petróleo venezolano, los acuerdos con China se renegocian, el Zulia sigue reconstruyéndose, y el pueblo, camaritas, el pueblo sigue su vida.»
Se levantó de la barra y caminó lentamente hacia la puerta. Me hizo una seña. Se detuvo en el umbral, se medio volteó, con esa costumbre que ya es su sello. «Voltaire dijo que «la perfección es enemiga de la suficiencia». Pero aquí, camaritas, la suficiencia es enemiga de la verdad. Este tipo se cree suficiente para juzgar, para sentenciar, para difamar. Pero la verdad, camaritas, es más tozuda que sus columnas. Y cuando la verdad llegue, él ya estará escribiendo otra columna, sobre otro supuesto complot, con otras fuentes anónimas, esperando que esta vez alguien le pague. Porque ese, camaritas, es su único oficio: la siembra perpetua de la duda.»
La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave. Afuera, Maracaibo seguía su curso, con sus apagones, su calor y su terquedad infinita. El ventilador siguió girando. Y en el silencio de El Bohemio, la pregunta quedó flotando en el aire, como el humo que todavía no se disipa: ¿Cuánto tiempo más seguiremos dándole espacio a quien vive de sembrar dudas, en lugar de construir certezas?
El método de la insinuación constante: cómo se construye una realidad paralela – El columnista despliega un repertorio conocido: «no hay evidencias, pero creo que sí», «me informaron», «al parecer», «supuestamente». Son las muletillas del que no tiene pruebas. El poeta alemán Heinrich Heine escribió que «la mentira es un perro que corre mucho, pero siempre vuelve a su dueño». Este tipo ha convertido la duda en método, la insinuación en herramienta, y la especulación en noticia. Miente tanto que la mentira ya es su dueña. Es una acumulación de pequeñas insinuaciones, de medias verdades y de datos sacados de contexto que, en conjunto, crean una realidad paralela. Y esa realidad paralela es el único territorio donde este tipo se siente seguro. Pero la realidad real, la de la calle, la de los hechos, sigue su curso, indiferente a sus elucubraciones.
El rencor como método: veinte años de la misma columna – Este tipo ha confesado ser «crítico de la gestión de Gian Carlo Di Martino desde hace muchos años». La pensadora francesa Simone Weil escribió que «el odio no es una opinión, es una enfermedad». Este tipo ha convertido su odio personal en una columna semanal: no busca informar, busca dañar. Y el daño, cuando se hace sin pruebas, se llama difamación. La columna analizada no descansa sobre hechos demostrados sino sobre una arquitectura de presunciones. Reuniones no verificadas, listas inexistentes, cronogramas secretos y fuentes invisibles son presentados como piezas de un rompecabezas cuya imagen final ya fue decidida de antemano. El procedimiento es siempre el mismo: partir de una conclusión y luego seleccionar cualquier elemento que parezca confirmarla.
La hipocresía selectiva: lo que ve y lo que no quiere ver – Los relatos de vice alcaldesas ocultas, acertijos administrativos, llamadas misteriosas, desapariciones y personajes en las sombras, no aportan comprensión política ni información verificable. Funcionan como recursos de intriga destinados a mantener la atención del lector. Son adornos narrativos que intentan suplir con misterio lo que no logran sostener con pruebas. En palabras de Anacleto: nidos de palomas, pura paja y pura… Este tipo nunca pregunta quién financia los viajes de la Machado; denuncia los «negocios» de los Rodríguez, pero las fuentes siempre son invisibles. El filósofo rumano Emil Cioran escribió que «la ironía es el último refugio de la inteligencia». Este tipo, sin embargo, no usa la ironía. Usa la acusación sin prueba. Y la acusación sin prueba, camaritas, es la forma más baja del periodismo… es calumnia.
El Pepazo
Fuente original: Diario Digital El Pepazo https://elpepazo.com
https://elpepazo.com/el-titiritero-del-rumoe-o-el-arte-de-fabricar-fantasmas/?fsp_sid=15906












